Domingo 10 de Septiembre X MEMORIAL PEDRO LEZCANO: LEZCANO NARRADOR

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X MEMORIAL PEDRO LEZCANO: LA CANTADERA

X MEMORIAL PEDRO LEZCANO: LA CANTADERA
Domingo 10 de Septiembre. 20.30 Horas Proyecto escénico musical de Folk Canarias, inspirado en un cuento de Pedro Lezcano.Organiza Concejalía de Cultura Ayuntamiento Santa Brígida

martes, 6 de diciembre de 2011

La Casa de Colón rinde homenaje al historiador grancanario Morales Padron, en el aniversario de su muerte

El satauteño Francisco Morales Padrón, dio a canarias trascendencia en el Atlantismo.

Este año se cumple el primer aniversario del fallecimiento del historiador satauteño Francisco Morales Padrón ,la Casa de Colon recordó su figura y obra en un acto de Homenaje celebrado el pasado día del que damos cuenta aquí al tiempo que reproducimos tambien un articulo de Pedro Socorro.Cronista Oficial de Santa Brígida,publicado el dia siguiente de su fallecimiento el pasado año 2011.

Hoy es un día triste para el pueblo de Santa Brígida (Gran Canaria), que recibe la noticia de la muerte de su hijo más ilustre: Francisco Morales Padrón. Y esta nota apresurada no pretende sino corresponder, hasta donde ello sea posible, a ese gran favor que hizo a su pueblo natal cada vez que, a través de su memoria poderosa, nos dejó testimonios de una realidad que ya no existe, rescató del olvido a seres anónimos o queridos que conformaron su vida, y contó hechos o acciones que estuvieron en la razón de su personalidad. Unas breves líneas que no serían menos sinceras, ni menos entusiastas, si no contáramos con el enorme privilegio de haberle conocido y tenerle como nuestro más ilustre vecino.

Si se ha dicho que en la infancia está la biografía de un hombre, el gran historiador Francisco Morales Padrón estrenó su vida en Santa Brígida hace 87 años y siempre quedó en su alma algo del niño que fue antes de convertirse en aquel humilde universitario y brillante profesor que enriqueció la historiografía de España y de América. Un niño que nació en una casita cercana a la parroquia en 1923; uno de los siete hijos de Francisco Morales Navarro, carpintero, y Carmen Padrón Roque, ama de casa.

La vivienda natal tiene su entrada por la calle de Enmedio, pero se asoma a la vía principal del pueblo y a su misma plaza a través de un sencillo balcón canario. Era una casa pequeña, de suelos de madera, y casi frente con frente a la casa parroquial, donde residía su abuela paterna, María Navarro Estupiñán, viuda y hermana de quienes serían curas párrocos del pueblo, Francisco y Juan Navarro Estupiñán, ambos naturales de Ingenio. Desde aquella primera morada situada en el corazón del pueblo veía el niño la Cabalgata de los Reyes Magos, las procesiones, en los entierros, las fiestas y los primeros desfiles patrióticos al llegar la guerra, cuando tenía 13 años, el día, que nos dice, murió su infancia. La mató la guerra.

Al nacer en el seno de una familia humilde, Francisco Morales Padrón debió enfrentarse, desde muy pronto, a una serie de dificultades que le retrasaron en sus estudios de Secundaria, pero que gracias a una beca pudo culminar en el prestigioso colegio Viera y Clavijo de la ciudad, donde con resultados más que notables acabó su Bachillerato. A partir de ese momento, las palabras becas y esfuerzos irán íntimamente unidas, hasta culminar su carrera universitaria y convertirse en uno de los mayores historiadores de España y de América.

Su pueblo de Santa Brígida constituyó siempre su universo particular, unido a Sevilla como un cordón umbilical, el que yo llevo en mi mente, en mis ojos, en mi corazón, y adonde regresaba siempre que sus ocupaciones se lo permitían. A Morales Padrón le encantaba comprar bizcochos lustrados en la fonda Melián y pasear en silencio por las viejas calles de su pueblo, rememorando sus sabores y sus olores que nunca pudo desterrar en la colección de sus sensaciones. Muchas de sus vivencias, cuando todavía vestía pantalón corto, relató en Adviento de adolescencia (Recuerdos de un niño que dejó de serlo), un libro de obligada lectura para cualquier satauteño que se precie; una declaración de amor a su pueblo natal de un niño que aprendió a conocer aquí la belleza a través de las cosas más humildes y cotidianas. Un libro en el que el riguroso historiador, autor de tantas obras de estudios y análisis, evoca su niñez en este pueblo de una forma amena, sencilla, como se desarrolló su infancia, pero que revela, al calor del recuerdo, a un escritor de buena memoria y verbo decisivo.
Su tierra natal le ha reconocido en vida sus méritos, cosa que no todos nuestros ilustres pueden decir, nombrándole hijo ilustre de Santa Brígida, poniendo el nombre a una calle y a la biblioteca municipal, e inaugurando una escultura de niños que juegan a la piola en la plaza de la iglesia, donde él también jugaba al corro, al boliche, a poyoyo, a la estampa, al escondite o a la pelota para enojo del guardia municipal, Manolito Ventura o del cura don Elías Verona, el sacerdote de su infancia. Sería exacto decir que Morales Padrón ha sido profeta en su tierra.

Hoy la bandera de Santa Brígida ondea a media asta sobre el pórtico del Ayuntamiento. Hay luto en la Villa por un hijo que un día partió para escribir la Historia con mayúscula, pero que jamás perdió su origen, ni su esencia. Y quiero terminar trayendo a la actualidad aquella carta que el respetado y admirado profesor envió al Alcalde, José Feo Perdomo, el 25 de septiembre de 1968, cuando el Ayuntamiento de Santa Brígida propuso nombrarle hijo predilecto. Él, desde la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, contestó con unas breves palabras que muestran la gran calidad humana de un vecino que se llevó a Sevilla su alma satauteña.
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Viajero incansable,Sevillano enamorado, gran conversador, .Con estas y muchas otras expresiones definieron historiadores y autoridades la personalidad del americanista Francisco Morales Padrón, en el homenaje que le rindió el Cabildo de Gran Canaria, en la Casa de Colón, en el primer aniversario de su muerte. "Dio a Canarias trascendencia en el Atlantismo", señaló su amigo y colega Antonio de Bèthencourt, que lo recordó en su infancia, "bien peinado y siempre con un libro distinto en su mano izquierda".

La directora de la Casa de Colón, institución que fue su hogar y donde florecieron los coloquios de Historia Canario-Americana, que ya van por su XIX edición, no pudo evitar emocionarse al decir que "la Casa de Colón se siente huérfana". Acosta anunció la reedición, por parte del Cabildo, de la obra Comercio canario-americano (siglos XVI, XVII y XVIII), que él publicó en 1955 y que fue valorada por los intervinientes como una pieza pionera que aún está vigente. El próximo Coloquio, el número veinte, estará dedicado, cómo no, a su figura y a "sus tres amores": Canarias, Sevilla y América.

De Bèthencourt aseguró que el homenajeado tenía un "intelecto privilegiado" y subrayó que fue "un americanista por vocación". Para el veterano historiador, que hizo un intenso análisis de la obra reeditada, de la que es prologuista, la pérdida de Morales Padrón fue "la noticia más cruel".

Ramón Serrera Contreras, catedrático de Historia de América de la Universidad de Sevilla y amigo personal del fallecido, se encargó de glosar la relación de Morales Padrón con la capital hispalense, donde ejerció su magisterio y vivió durante casi toda su carrera. "El trabajo fue su divisa. Aún en sus últimos momentos, ya enfermo, siguió trabajando y dejó dos monografías incompletas". Serrera afirmó que "siempre admiré su obra científica y su capacidad de distinguir afectos de manera equilibrada entre tres tierras, Canarias, Sevilla y América". El catedrático quiso hacer referencia a la profunda devoción religiosa del historiador, "que supo compaginar fe y razón como todo gran pensador".

Antonio Tejera Gaspar, catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna hizo un recorrido por las referencias a Colón en la obra de Morales Padrón, al que no quiso etiquetar como "colombinista, porque fue mucho más que eso, ya que sus obras han abierto caminos que todos hemos seguido".

Para Manuel Lobo Cabrera, catedrático de Historia Moderna de la Universidad grancanaria, uno de los principales valores del homenajeado es que "abrió puertas a los que veníamos detrás" y destacó de él que "no era ombliguista ni insularista y prueba de ello es que los coloquios son pancanarios".

Larry Álvarez, consejero insular de Cultura y Patrimonio, que anunció que pedirá que se bautice una calle de Sevilla con el nombre del americanista, le considera un "faro intenso y a la vez discreto" de la investigación de Gran Canaria, un "ciudadano a imitar y un canario universal".

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