sábado, 22 de noviembre de 2008

EMOTIVO HOMENAJE A LA ALFARERA MARIA GUERRA ALONSO

Rodeada de los suyos,con el Salon del Casino de Santa Brigida totalmente abarrotado de publico,
la locera mas antigua de Gran Canaria: Maria Guerra Alonso recibio el viernes un emotivo Homenaje.

Ines Jimenez Martin ,Presidenta de la FEDAC y Consejera de Industria , Comercio y Artesania del Cabildo de Gran Canaria ; Nicolas Benitez Montesdeoca , Concejal de Cultura y Festejos del Ayuntamiento de Santa Brigida y José Juan Rodriguez, Presidente del Real Casino no escatimaron palabras a la hora de elogiar la figura de la talayera Maria Guerra ,que a sus 83 años sigue activa elaborando loza ,preservando una tradicion donde la mujer ha sido la protagonista en el Pago de la Atalaya .
El escritor y pintor Rafael Franquelo abrio el acto presentando a la doctora en Geografia por la ULPGC :Maria del Pino Rodriguez Socorro que
diserto sobre:
Recuerdos de una actividad en el olvido: Las Talayeras de La Atalaya.
La verdadera artífice, - como destacaba Maria del Pino Rodriguez Socorro en la Charla -no sólo de la preservación del oficio del barro, sino de la creación de esta sociedad tan peculiar y que tanto interés suscitó a partir de principios del siglo XIX fue la mujer, la talayera, responsable, además, de la conservación y la transmisión del conocimiento alfarero generación tras generación.En el transcurso de la Charla Conferenciante y Homenajeada rememoraron anedoctas y acontecimientos de una vida la de las alfareras de la Atalaya llena de penurias.
En los corrillos posteriores al acto algunas personas presentes comentabamos que María sería una excelente candidata para convertirse en hija predilecta de la Villa, pues a su edad sigue enseñando su magisterio hecho barro a todo el que lo desee, atendiendo a turistas y visitantes que se acercan hasta su cueva alfar. Ya tiene calle en La Atalaya, pero su labor no debe pasar desapercibida para las nuevas generaciones ni para su pueblo.
Sería, además, la primera hija predilecta de la Villa, pues la pintora Lola Massieu, es hija adoptiva. Se reconoceria asi el papel de las alfareras del Pago de La Atalaya, mujeres que dieron vida a una cerámica con señas de identidad propia en un hábitat, constituido por casas cuevas, que forman parte de un patrimonio cultural diferenciado, de gran valor cultural, en la isla.


La poesia tambien estuvo presente a traves de sendos poemas dedicados a Maria Guerra por parte de una de sus nietas Rita Maria Trujillo y Angel, amigo de la Familia .

A sus 83 años,
un homenaje le haran,
con cariño,sus hijos, nietos y bisnieto,
junto a ella estaran,
para demostrarle el cariño
que a nosotros nos supo dar.
siendo niña tuvo que trabajar
nunca supo lo que es jugar,
de La Atalaya a la playa
a su cuesta llevaba
platos, cuencos,y tallas,
todas hechas a mano,por sus padres y hermanos.



La vida muchos palos,
le ha dado
que ella supo superar
con cariño y esfuerzo
a sus hijos puso a andar.
A ti te quiere todo el mundo ricos y pobres
porque tu vales mas que el oro, la plata y el cobre.
En este día tan especial
muchas cosas queremos decirte
pero del corazón nos sale
que eres la mejor que existe.
A María Guerra con cariño de su familia.

Recuerdos de una memoria histórica olvidada:

...María Guerra recuerda la agitación que producían las visitas semanales que realizaban los turistas hasta mediados del siglo XX, y que alteraban la monótona vida de sus moradores. Aún recuerda, como si fuera hoy, cómo en su infancia llegaban directamente desde el muelle de Las Palmas los grupos de turistas: “aparecían por el Puente de Las Goteras en coches piratas y nosotras, al verlos venir, preparábamos el taller y la loza. Una vez visitadas nuestras cuevas, les decíamos, ¡un peni, un peni!, para ver si nos daban algo de dinero”. María aún tiene vivo el recuerdo de cuando venían los turistas “que se volvían locos para ver las cuevas, a ver la loza ¡y compraban mucha! Nos dejaban regalos, una tarjeta, un pañuelo y ¡hasta dinero! Nada más llegar los turistas al muelle, donde primero venían era aquí, esto era un sitio turístico, bueno mejor dicho típico”, y nos comenta cómo junto a otras loceras “rociaba y baldeaba por las mañanas los caminos, que eran de tierra, hasta el punto que se podía comer en el suelo; las flores en los caminos eran los adornos; así cuando llegaban los turistas estaba todo limpito”.


La producción abarcaba una amplia gama de piezas, como bernegales, jarras de gofio, tinajas para frutos secos, tostadores para el grano, gánigos, lebrillos, sahumadores, braceros, fogueros, hornillas, etc, cuya producción comenzó a disminuir paulatinamente a medida que se generalizaron, entre la población campesina grancanaria, los calderos de metal a partir de los años veinte, el butano a partir de los años cincuenta y los recipientes de plástico en los setenta.
La cerámica estaba muy mal pagada y ésta fue la razón por la que las alfareras de la postguerra, en una época de penuria generalizada, preferían el trueque, cambiando la loza por víveres, frutas y hortalizas de temporada: papas, millo, castañas o cualquier otro producto de la tierra. Era el tiempo del hambre y de la miseria”.El lugar principal de venta era el Mercado de Las Palmas y la Plaza del Puerto. “Nosotros nos poníamos a vender en el Puente Palo. Había una casa de madera y entre ésta y la boca del barranco era nuestro sitio”. La calle que baja hoy delante de la Plaza del Mercado, la llamaban el “tinglao” porque allí se repartía toda la mercancía en carros para el Puerto. “Como ir en el tranvía nos costaba un real, íbamos y veníamos andando para luego subir a La Atalaya, de nuevo”. Otros lugares de venta eran Telde, Ingenio y Agüimes, y las medianías y zonas montañosas del centro. María, nos recordó una de sus experiencias en la venta en sur de la isla: “mi padre me llevó a Sardina del Sur una vez. Era muy pequeña y por eso llevé un bernegal de esos chicos, porque no podía con más peso. Caminando ladera abajo y descalcita, junto a mi hermano, que era más chico, nos cogió un tiempo de agua que tuvimos que coger por un barranquillo hasta llegar a la carretera principal. No vendimos na y no pudimos comer, hasta que una señora nos encontró y con la pena que le dio, nos compró un bernegal. Menos mal que pasó un camión de los que llevaban tomates y nos trajo hasta Telde. Ya después vinimos caminando hasta La Atalaya, llegando con la amanecida”.


Finalizado el acto los asistentes pudieron admirar las piezas de la Exposicion que permanecera abierta hasta el viernes 28 de Noviembre en el Real casino.








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